22 de julio de 2017    
Santa María Magdalena    
Testigo de Cristo
Quizás digas: -¿ cómo tener el deseo de Dios sin conocerlo todavía?

Abre la Escritura. Al Dios vivo se le discierne a través de Cristo Jesús, el Resucitado.

Con la sencillez de un corazón de niño, acércate a la Eucaristía. Poco a poco lo comprenderás.

Para recomenzar cada día de nuevo, pon tu confianza en el Espíritu Santo. El habita en tu corazón.

No te apoyes solamente en tu propia fe. Apóyate en los que te han precedido y en los que hoy te acompañan ( Carta de Taizé, de las Catacumbas, Roma ,1983)

Una de las cuestiones más frecuentes que se plantea el ser humano es el ansia de querer experimentar a Dios, o tener experiencia de suya.

En general, son personas de buena voluntad. Tienen en su corazón fuertes deseos de conocer a Dios para intentar seguirlo con todas sus consecuencias. Tan sólo les falta que estos anhelos se conviertan en realidad.

El hermano Roger les marca la pauta para acercarse al Señor: Deben leer y meditar las Escrituras con toda asiduidad. No se contenten con oír solamente la palabra de Dios. Esto es fácil. Tienen que asimilarla, hacerla carne de su carne y, en consecuencia, vivir apegados ella para seguir sus orientaciones y sus exigencias.

Hay personas- entre las cuales te puedes encontrar tú mismo- que están inquietas por mil azares a los que les lleva la vida. Andan faltos de orientación.

Dice el hermano Roger al margen de su carta: Es posible volver a empezar cada día: Dios no retira jamás sus dones ni sus llamadas ( Rm 11,29).

Por tanto, amigo/a ya sabes una cosa con certeza. Dios te ha concedido unos dones especiales- aunque no te des ni cuenta- para que los cultives en el santuario de tu corazón. Y, en segundo lugar, debes estar atento a sus llamadas continuas para que salgas de tu mediocridad humana y espiritual en la que te has instalado.

Más adelante afirma: El Espíritu Santo habita las profundidades del ser humano. Pero en la oración, sería artificial buscar el forzar unas manifestaciones del Espíritu, sensibles o afectivas.. La oración personal no tiene más que raras veces una expresión fulgurante. El milagro está en otra parte. Está en amar a Cristo sin verle todavía.

Apoyarse en la fe de los otros, esta antigua oración lo recuerda: '' Señor Jesucristo, que dijiste a los apóstoles: m paz os dejo, mi paz os doy, no mires nuestros pecados, sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra, concédele la paz y la unidad. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos". La fe de la Iglesia: la manera en que esta fe es presentada no es indiferente. En otros tiempos todas las verdades estaban situadas en el mismo plano y debían ser aceptadas o rehusadas en bloque. En realidad todo no está en el mismo plano. Todo es importante pero en su propio lugar, más o menos central. Hay una ''jerarquía" de las verdades.

-¿Meditas a menudo la Biblia?

-¿La llevas a la práctica?

-¿La dominas para defender tu fe con conocimiento?