18 de octubre de 2017    
San Lucas    
Domingo Savio

Domingo Savio

Domingo nace el 2 de abril de 1842 en San Juan de Riva, cerca de Chieri (Turín).

En la Primera Comunión, a los 7 años, esboza su proyecto de vida: "Me confesaré con frecuencia y haré la comunión todas las veces que el confesor me de permiso. Quiero santificar los días festivos. Mis amigos serán Jesús y María. La muerte antes que pecar". Acogido a los 12 años por Don Bosco en el Oratorio de Turín le pide que le ayude "a hacerse santo".

Sencillo, sereno y alegre, ponía gran empeño en sus deberes como estudiante y en ayudar de muchas maneras a sus compañeros, enseñándoles el catecismo, asistiendo a los enfermos, pacificando en las peleas...

Un día le dijo a un compañero recién llegado al Oratorio: "Tienes que saber que nosotros hacemos consistir la santidad en estar muy alegres. Intentamos sólo evitar el pecado, como un gran enemigo que nos roba la gracia de Dios y la paz del corazón, y cumplir exactamente nuestros deberes".

Muy fiel a su programa de trabajo, sostenido por una intensa participación en los sacramentos y por una filial devoción a María, alegre en el sacrificio, fue colmado por Dios de dones y carismas.

El 8 de diciembre de 1854, proclamado el dogma de la Inmaculada por Pío IX, Domingo se consagró a María y comenzó a avanzar rápidamente en la santidad. En el 1856 fundó entre los amigos la Compañía de la Inmaculada para una acción apostólica de grupo.

Mamá Margarita, que había llegado a Turín para ayudar a su hijo sacerdote, un día le dijo: "Tu tienes muchos jóvenes buenos, pero ninguno supera el buen corazón y el alma de Domingo Savio". Y explicó: "Lo veo siempre rezar, permaneciendo en la Iglesia después que los otros. Cada día se va del recreo para hacer una visita al Santísimo Sacramento. Está en la Iglesia como un ángel que demora en el paraíso".

Murió en Mondonio el 9 de marzo de 1857. Sus restos mortales se veneran en la Basílica de M.ª Auxiliadora en Turín.

Su fiesta se celebra el 6 de mayo. Pío XI lo definió: "Pequeño, pero grande gigante del Espíritu". Es el patrón de los "niños cantores".